Durante años, Costa Rica construyó una reputación regional de estabilidad. Sin ejército, con indicadores sociales superiores al promedio latinoamericano, y una democracia que cumple décadas sin interrupciones. Esa narrativa es real. Y al mismo tiempo, es incompleta.
Para un decisor empresarial o un inversionista que opera —o evalúa operar— en el país, quedarse con esa narrativa es el primer error estratégico.
El entorno de riesgo en Costa Rica ha cambiado. No de forma dramática ni repentina, sino de manera gradual y estructural. El problema es que los esquemas de análisis con los que muchas organizaciones operan no han cambiado al mismo ritmo.
Lo que el entorno actual le exige a cualquier decisor
Costa Rica enfrenta hoy una combinación de factores de riesgo que no pueden analizarse de forma aislada.
El incremento sostenido de los índices de criminalidad —en particular los vinculados al crimen organizado — ha reconfigurado el mapa de exposición para empresas en sectores como logística, transporte, retail y servicios. No se trata únicamente de un problema de seguridad ciudadana. Se trata de un riesgo operativo con implicaciones directas sobre la continuidad del negocio, la cadena de suministro y la reputación institucional.
El dato más contundente de este cambio estructural es la tasa de homicidios. En 2023, Costa Rica registró 905 personas fallecidas por homicidio doloso, un incremento del 38% respecto al año anterior y el dato más alto en toda la historia del país, según el Anuario de Estadísticas Policiales del Poder Judicial. La tasa general pasó de 12,6 a 17,2 homicidios por cada 100,000 habitantes en un solo año, un salto que ningún modelo estadístico proyectaba dentro de los parámetros históricos del país. Para dimensionar la magnitud: en los 30 años anteriores, Costa Rica nunca había superado los 660 homicidios anuales. En 2023 los superó en casi 250 casos adicionales. Para un país cuya narrativa de seguridad era su principal activo diferenciador en la región, ese no es un dato más — es un quiebre estructural.
A esto se suma un entorno regulatorio en evolución, con mayor escrutinio sobre temas de cumplimiento, lavado de activos y debida diligencia. Para una empresa con operaciones regionales o con capital extranjero, ignorar esta dimensión no es solo un riesgo legal: es un riesgo reputacional.
El error más común: confundir estabilidad política con ausencia de riesgo
Costa Rica tiene una institucionalidad sólida para los estándares regionales. Eso es un activo real. Pero estabilidad política no equivale a entorno de riesgo bajo.
Un inversionista extranjero que llega al país con esa ecuación en mente tiende a subestimar los riesgos operativos locales, a no realizar una debida diligencia de seguridad antes de comprometer capital, y a diseñar esquemas de protección insuficientes para el nivel de exposición real de sus activos o de sus ejecutivos.
Un decisor empresarial local, por su parte, frecuentemente opera con una visión de riesgo construida hace cinco o diez años, que ya no refleja el entorno actual. El resultado es el mismo: decisiones tomadas con información incompleta.
Lo que distingue una evaluación de riesgo útil de una que no lo es
Una evaluación de riesgo que le sirve a un decisor no es un inventario de amenazas genéricas. Es un análisis calibrado al sector específico de la empresa, a su ubicación geográfica dentro del país, a su perfil de exposición institucional y a las decisiones concretas que la organización necesita tomar.
En Costa Rica, eso implica entender, por ejemplo, que el perfil de riesgo de una empresa logística en la zona norte es radicalmente distinto al de una empresa tecnológica en el Gran Área Metropolitana. Implica saber que ciertos corredores de transporte han cambiado su nivel de riesgo en los últimos 18 meses. Implica reconocer que la exposición de un ejecutivo con perfil público no se gestiona con las mismas herramientas que la seguridad física de una instalación.
Ese nivel de especificidad no se obtiene con marcos de referencia globales ni con reportes regionales. Se obtiene con conocimiento operativo del entorno local y con metodología orientada a la toma de decisiones, no al cumplimiento de formularios.
Una lectura honesta del momento actual
Costa Rica sigue siendo un destino atractivo para la inversión y un entorno relativamente estable para operar. Eso no está en discusión.
Lo que está en discusión es si las organizaciones que operan aquí —locales o extranjeras— están gestionando su riesgo con la información correcta y con los esquemas adecuados para el entorno actual. En la mayoría de los casos que he visto, la respuesta es no.
No porque haya negligencia. Sino porque el entorno cambió más rápido que los esquemas de análisis que se siguen usando.
Si su organización está tomando decisiones de inversión, expansión o seguridad operativa en Costa Rica y no tiene claridad sobre su perfil de riesgo actual, el momento de revisarlo es antes de que un evento lo haga por usted.
Una conversación inicial de 30 minutos puede ser suficiente para determinar si hay brechas que vale la pena atender. Puede agendarla directamente desde este sitio.